La Tercera Edad no se define a partir de una edad concreta y se debe entender como la consecuencia de un estado de edad avanzada o longeva en la que influyen factores de salud, de estado físico, de estado psicológico y salud social en relación a las circunstancias que rodean la vida de las personas cuando asumen su papel más pasivo en la sociedad.
La actividad física y el deporte son elementos imprescindibles para el equilibrio físico, social y psicológico en las personas mayores.
El factor más importante en los tratamientos y las actividades para los mayores es relativo al recobro de la utilidad y la inserción de las personas en la sociedad y a ellos puede contribuir la medicina deportiva, la actividad física y el deporte, practicado tanto de forma individual como colectivamente a través de un club deportivo master.
La medicina relativa a la actividad física y el deporte debe generar elementos de especialización en el tratamiento de las problemáticas debido al estado social de los mayores exentos de actividades laborales o de acción cotidiana tendente al mantenimiento de las funcionalidades y a la prolongación del estado saludable y a la calidad de vida.
Los poderes públicos, bajo cuya responsabilidad se encuentra la realización de políticas, acciones y programas para el fomento de las acciones cívicas relativas a las edades avanzadas, deben determinar la normativa y el cuerpo legal que pueda fomentar la promoción de servicios de oferta para la gestión de medios destinados a la dinamización y el impulso de estos grupos de población.
El deporte y la actividad física garantizan el reequilibrio psicológico y funcional y permiten mantener los niveles de relación social e integración ayudando, de manera fundamental, al mantenimiento de la buena condición física. Por ello en la legislación y la reglamentación comunitaria y en la de los Estados que la conforman, debe contemplar tanto a las personas mayores practicantes de deporte como a los clubs masters que los acogen.
Es necesario un enfoque positivo que ayude a superar el sentimiento de falta de relación y de utilidad social de las personas mayores debida a esta situación de desamparo y de falta de reconocimiento oficial.
Ningún programa o acción podrá determinar su viabilidad y su valor para la generación de una condición de vida saludable y positiva en los mayores sin la contribución de los elementos que permitan una mejor condición psicológica de las personas que componen este colectivo y es una responsabilidad de las políticas de los Estados y Países ofrecer las condiciones adecuadas.
Se debe proponer a los organismos europeos la generación de normativas, directivas y otras disposiciones para que los distintos Estados que configuran la Unión Europea reconozcan al grupo de población que ha finalizado su período laboral como un grupo con necesidades propias de intervención y aplicación de los servicios médicos, psicológicos, sociales y deportivos y la integración en la oferta de programas de actividad física y deporte que puedan contribuir a la mejora de las condiciones de vida, con dirección de personal especializado y a la no discriminación frente a los demás grupos de población recogidos en las leyes en vigor.
Las acciones y los programas sociales, médicos y deportivos que se generen para las atenciones a los mayores no deben constituir un instrumento de acción política.
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